Poco sabemos de Onofre, al margen de que él afirma haber sido criado por una familia de ratas de agua, algo que, a pesar de ser hartamente improbable, ciertamente explicaría muchas cosas.
El caso es que, ya sea por reservado, a causa de la demencia senil, o sencillamente porque lo pasó muy mal, a Onofre no le suele gustar hablar mucho de su pasado.
Sea como sea, no nos extrañaría que hubiera vivido una vida llena de aventuras, repleta de privaciones y peligros, que le ha llevado, en sus años dorados, a sufrir de esa incontinencia emocional que le impulsa a compartir su amor con todo el mundo.
Fue precisamente su carácter amigable y extrovertido el que llevó a los vecinos de la finca de Ernesto a ofrecerle el puesto de portero.
El resto es historia.

